domingo, 13 de marzo de 2011

Castro-Gómez, Santiago (2005). La Hybris del Punto Cero: ciencia, raza e Ilustración en la Nueva Granada (1750-1816). Btá: Ed. Pontificia UJaveriana




Por MAURICIO NIETO OLARTE*

*Egresado del Departamento de Filosofía y Letras de la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia; Magíster en Historia y Filosofía de la Ciencia
y Doctor en Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Londres, Gran Bretaña. Actualmente trabaja como Profesor Asociado del Departamento de
Historia de la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia. Correo electrónico: mnieto@uniandes.edu.co

La Hybris del Punto Cero: ciencia, raza e ilustración
en la Nueva Granada (1750-1816) es un trabajo ejemplar
por varias razones. Es un ejemplo de los evidentes
benefi cios que puede tener para la investigación histórica
una sólida formación fi losófi ca, y es una muestra de la
importancia que tiene para el análisis político los problemas
epistemológicos, tradicionalmente relegados al campo
de la fi losofía de la ciencia y muchas veces extraños a las
refl exiones sobre el poder.
Un primer rasgo del libro de Santiago Castro que vale la
pena destacar, es que toma distancia de los frecuentes
trabajos sobre la Ilustración americana concebidos desde
una perspectiva difusionista. Muchas de las refl exiones
sobre la Ilustración suponen que ésta nace y madura
en centros culturales europeos y que posteriormente es
difundida al resto del mundo sin mayores modifi caciones.
Así, quienes estudian la Ilustración fuera de los confi nes
europeos se han preocupado por indagar hasta qué punto
las ideas europeas contaron o no con fi eles y legítimos
voceros en otros continentes. ¿Leyeron y comprendieron
los americanos a Isaac Newton o al Conde de Buffon?
¿Llegaron copias de la Enciclopedia Francesa? ¿Cuáles
fueron los autores europeos más conocidos, qué obras
europeas circularon y cuáles no?
El libro de Castro, por el contrario, argumenta que la
Ilustración europea y la misma Modernidad son en parte
el resultado de la expansión europea, y en lugar de
pretender evaluar qué tan ilustrados fueron los americanos,
quiere estudiar los rasgos particulares que conformaron
el pensamiento, en este caso, de la elite criolla del Nuevo
Reino de Granada.
Si bien las preocupaciones del autor están dirigidas a
entender las características particulares del pensamiento
ilustrado de los criollos de la Nueva Granada, la obra
ofrece novedosas contribuciones para reconocer el carácter
político del proyecto ilustrado europeo. En este punto el
autor se enfrenta con una aparente paradoja: La idea de
ciencia moderna supone un conocimiento que niega su
localidad, su “lugar de enunciación”, para así proclamar su
neutralidad y universalidad. Éste sería un conocimiento que
se construye por fuera de los intereses particulares y que,
por lo tanto, debe ser inmune a la política. Y, sin embargo, es
precisamente dicha pretensión de autoridad absoluta la que
constituye la más radical de todas las posiciones políticas. La
aspiración de un conocimiento universal no solamente niega
otras posibles formas de conocer y actuar, sino que hace
de quien posee la razón y la verdad el legítimo portavoz de
todos. Esto es lo que Castro llama la Hybris, la arrogancia
del punto cero, de quien no tiene lugar, deshace lo local,
niega la subjetividad para hablar en nombre de todos.
Esta idea del punto cero, de la tabula rasa, está en el centro
del pensamiento moderno y de la hegemonía de Occidente.

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